domingo, 7 de agosto de 2016

Para alabanza de su gloria parte 1

Sermón predicado la mañana del 17 de julio de 2016 Iglesia Presbiteriana Hosanna

Introducción. Hemos estado viendo cómo Dios, a través de la carta a los efesios, nos enseña acerca de sus principios en cuanto a lo que él ha hecho, en cuanto a lo que tenemos como riqueza presente y en cuanto a la manera de enfrentar las luchas que ha diario tenemos. Hoy comenzamos a ver la sección de lo que Dios hizo, hace y hará en el futuro, respecto a la iglesia que es su columna y baluarte de la verdad. En la sección del capítulo 1.3-14 El apóstol Pablo ricamente expresa lo que Dios ha hecho por su iglesia en una hermosa Doxología de tres estrofas, cada una de ellas destaca una persona de la Deidad y  termina con una enfática declaración. Toda la gloria es para Dios.

A través del tiempo Dios nos ha bendecido con "toda bendición espiritual en los lugares celestes" y esta es la riqueza inconmensurable que nos hace estar gozosos y firmes en la verdad de Cristo.

Durante siglos el ser humano ha deseado viajar en el tiempo con propósitos diversos, algunos quisieran cambiar su pasado, otros quisieran volver a repetir experiencias y hay quienes quisieran conocer en carne propia lo sucedido o lo que podría suceder. Lo cierto que esto es una ciencia ficción, pero como alguien dijera "...todos tenemos una máquina del tiempo, viajamos al pasado a través de nuestros recuerdos y al futuro a través de nuestros sueños..." 

En cambio, el Señor quiere que miremos con objetividad los tiempos, sin ciencias ni sueños o recuerdos, más bien quiere que miremos su pasado glorioso, el presente optimista y un futuro seguro, todo esto nos lo puede enseñar el capítulo uno del libro de Efesios.

Consideremos el primer punto "Su pasado Glorioso" "La Gloria del Padre"

Efesios 1:3-6  Nos enfrenta a una realidad indiscutible para todo creyente. Hemos sido escogidos por el Padre, adoptados hijos suyos y aceptados en Cristo.

1. Escogidos para ser santos. La doctrina de la elección es una enseñanza indiscutible en el mundo evangélico, ya sea que adscribamos a la doctrina de la elección condicional o incondicional, sin lugar a dudas la Escritura enseña que somos escogidos por Dios desde antes de la fundación del mundo para ser santos y sin mancha delante de su presencia (vv.3-4). No conocemos el criterio que el Señor usó para su elección, pero fue sin duda "por el puro afecto de su voluntad". Claramente la elección de Dios tiene que ver con el mérito glorioso del Señor Jesucristo, ya que nada hicimos nosotros para merecer su amor y misericordia. Admitimos con seguridad que esta elección viene de Dios y de su gracia eficaz, pues bien dice la Palabra del Señor "...y esto no de vosotros, pues es don de Dios..." y "pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios..." Tal vez hay quien piensa que esta elección sólo tiene que ver con nuestra santificación progresiva, sin embargo la Escritura afirma que nuestra elección para ser santos se debe a nuestra posición como salvos, leemos en 2ª Tesalonicenses 2.13 "...debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros (nosotros), hermanos amados, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación , mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad..." Claramente Dios desde antes de que el mundo naciera ya había hecho la obra de gracia de escogernos en Cristo. Es el predeterminado consejo de Dios, su presciencia la que nos ha puesto en medio de su voluntad. (1ªPedro 1.2) por medio del Espíritu Santo hemos sido apartados para obedecer a la verdad del Evangelio (1ªPedro1.22-23)

2. Escogidos para ser adoptados hijos suyos. En segundo lugar, el apóstol Pablo menciona el método para la elección, si bien la elección misma tiene que ver con individuos, la predestinación tiene que ver con la manera que dicha elección fue efectuada.  Esto se refiere a los propósitos de Dios de predestinarnos para ser adoptados hijos suyos. Según leemos en Romanos 8.8-9 la predestinación es el propósito de Dios de ser parte de su familia por medio del nuevo nacimiento, y ser así en Cristo un hijo de Dios, y Jesús mismo nuestro hermano primogénito según su gracia. El nuevo nacimiento nos pone en clara relación con el Padre y nos hace miembros de su iglesia e hijos amados, esto a los que creen en su nombre, a los escogidos les dio esta potestad. 

3. Nos ha hecho aceptos en el Amado. Cuando leemos 1ª Corintios 6.9-11 el panorama de nuestra vida pasada puede reflejarse por algún instante, nuestra antigua vida llena de culpas, rebeliones y pecados que no nos permitían ver o entender las virtudes de Aquel que nos estaba llamando, se presenta como una triste gráfica que no quisiéramos traer a la memoria, pero bien ha dicho el apóstol "y esto eráis algunos...". Gracias a que Dios nos escogió y nos predestinó para ser hijos suyos es que el acta de acusación contra nosotros ha sido clavada en la cruz de Cristo y podemos proclamar en Cristo la victoria por sobre el aguijón del pecado. Hemos sido aceptados por Dios el Padre desde antes de nacer por medio del Señor Jesucristo, y esto es ya un tremendo privilegio y una gran riqueza espiritual que no debiera merecer ni duda ni pedir garantías a Dios, no obstante lo anterior, el Señor nos garantiza la objetividad y realidad de esta nueva relación en el hombre nuevo para el nuevo milenio. 

Conclusión. La maravillosa doctrina de la elección nos introduce en la relación pasada que tenemos con Dios el Padre, para ser predestinados hijos de Dios por derecho de adopción mediante su gracia y misericordia, quien envió a su hijo para introducirnos en su familia mediante el nuevo nacimiento por el puro afecto de su voluntad, todo lo anterior con un propósito eterno... La glorificación del Nombre de Dios. Así el Señor cierra la primera estrofa de esta Doxología... "para alabanza de la gloria de su gracia." (v.6)

Entonces ya sabemos para qué Cristo bajó al mundo a salvarnos...

Para la alabanza de la gloria de su gracia...

Dios les bendiga.










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