domingo, 28 de febrero de 2016

El Ministerio Pastoral del Espíritu Santo



Una de las figuras más hermosas que refleja la relación de Dios con su pueblo, en cualquier tiempo de la historia, es la figura del pastor. Dios es el pastor de Israel y también el Pastor de su Iglesia, de esa manera se ha relacionado con su pueblo desde el Génesis hasta el Apocalipsis. De la misma manera cuando el pueblo buscaba la guía del Señor lo hacía cómo un rebaño de ovejas, hasta el día hoy, cuando la iglesia del Señor se reúne, lo hace desde la convicción de haberse congregado como el Rebaño del Señor.
Existe una variedad exquisita de pasajes que hacen alusión al Señor como el Pastor de su rebaño. Por ejemplo en Génesis 49 al leer los paradigmas de Jacob respecto a sus hijos, en el versículo 24 se hace un paréntesis para mencionar a Dios como “… el nombre del Pastor, la Roca de Israel”. Aunque es sabido que los pasajes clásicos para mencionar al Señor como pastor han sido Salmos 23 y juan 10, esto no detiene que toda la Escritura Inspirada menciona el Ministerio Pastoral del Señor. Lo que llama la atención es que no siempre damos este crédito al Espíritu Santo, ya sea porque es muy obvio o porque pensamos que no tiene que ver con  él.
Lo cierto es que este Ministerio Pastoral del Espíritu Santo se desarrolla con mucha claridad en la Biblia, así que, si podemos decir que Jehová es nuestro pastor, o que el Señor Jesús es el Buen Pastor, bien podemos decir también que el Espíritu Santo pastorea su rebaño para hacerse nombre glorioso.
En el libro de Isaías capítulo 63 versículo 14, el Señor en su Palabra hace referencia a este Ministerio pastoral del Espíritu Santo en la vida de su pueblo, enseñándonos lo importante que es la guía del Espíritu para nuestras almas. En este pasaje la idea de pastorear es también la de arrear, en la Septuaginta podemos leerlo de la siguiente manera: “y como ganado por llanura; descendió espíritu de ante el Señor y guióles; así llevaste tu pueblo, para hacerte nombre de gloria” . Otra versión traduce: “cual ganado que desciende al valle. El Espíritu de Yavéh los llevó a descansar. Así guiaste a tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso. Así es como en el Antiguo Testamento existe este hermoso pasaje que nos enseña la manera de actuar del Espíritu Santo al respecto, de como Él nos arrea como a ganado hacia el valle de delicados pastos donde claramente habla de descanso, pastoreo, confort, guía.
Claramente el Espíritu Santo es la guía que el ser humano necesita para poder llegar a formar parte de la familia de Dios. Él es quien nos convence de pecado, de justicia y de juicio, y no sólo eso sino que también es la clara evidencia de que somos hijos de Dios.
En el Nuevo Testamento también encontramos este Ministerio pastoral del Espíritu Santo, quien guía al rebaño de Dios. Romanos 8:14 dice: “Porque todos los que somos guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”. Pero entonces podría surgir la legítima pregunta ¿de qué manera el Señor por medio de su Espíritu realiza esta labor en su iglesia? En primer lugar él nos guía hacia la comunión muy íntima con el Padre, a través del convencimiento de pecado nos pone en su iglesia, nos acerca a Jesús y definitivamente nos lleva al tipo de relación que Dios quiere tener con cada uno de sus hijos. En segundo lugar el versículo 15 de Romanos 8 nos instruye a que hemos recibido espíritu de adopción por el cual clamamos Abba Padre, este tipo de relación sólo la puede tener un verdadero hijo de Dios quien puede entrar libremente y con confianza al trono de la gracia y encontrar misericordia y gracia del Señor (heb 4.16)
Es por medio del Espíritu Santo que somos separados de la esclavitud que nos ataba al mundo y a una vida llena de vicios y de malas influencias, es el Santo Espíritu de Dios quien nos libera de la perdición y nos pone en la Casa de Dios como hijos herederos, puesto que “ya no eres esclavo” dice el Señor en Gálatas 4.6 sino “por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: Abba Padre!!”
La expresión “Abba Padre””, que también la podemos encontrar en Marcos 14.36, es un término arameo que utiliza el Señor Jesús para dirigirse al Padre en una relación muy íntima y que nos invita a detenernos y meditar en que la confianza en el Señor es nuestra tremenda seguridad de ser hijos, así como Cristo es hijo, es una posición extraordinaria de heredero del Reino de los Cielos  y de muy íntima relación que nos permite llamar a nuestro Dios “Papito”, no existe una posición más sublime para un ser humano que la de ser hecho hijo de Dios y poder intimar de esta manera.
Entonces ¿Cómo podemos saber que nuestra posición en Cristo es tal, que nada ni nadie nos pueda hacer pensar distinto? Debido a que muchos usan el término “seguridad de salvación” pero con conceptos distintos de lo más puramente objetivo, es que para este artículo he querido usar el término testimonio, no sólo tenemos que estar seguros sino tener el testimonio de que somos salvos y que somos hijos de Dios. Esto no quiere decir que sus prácticas le otorgarán salvación pero sí quiere siempre decir que su testimonio hablará por usted de que es un hijo nacido de lo Alto, y no sólo eso, sino que “el Espíritu Santo mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”. En la novela Ben Hur de Lewis Walace, el joven Judá Ben Hur recibe de un alto funcionario de gobierno la adopción como hijo, esto le dio una nacionalidad romana, una herencia en propiedades y un título honroso. Sin embargo para el joven Ben Hur el acto mismo de haber sido liberado como esclavo y puesto en una familia como hijo y presentado por el mismísimo “padre” en la sociedad romana, representa el más claro testimonio de que existe un vínculo entre su padre adoptivo y él. El Testimonio llevó a Ben Hur a ser reconocido por la sociedad, así como el Testimonio nuestro nos lleva a ser reconocidos como los hijos de Dios en esta sociedad ¿pero delante del Señor? Aquí es cuando el Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos delante del Padre, por tal razón y tal gracia es que tenemos la presencia misma del Espíritu en nuestras vidas como firme garantía de que somos hijos de Dios, que Dios el Padre nos intima tiernamente y nos trata cercanamente, nos gloriamos en su presencia, tenemos acceso al trono de la gracia, somos amados y guiados hacia lo más profundo del ser de Dios mismo. Con esto en mente ¿serán comparables las aflicciones presentes a la gloria venidera?

Dios Bendiga nuestras vidas y el Espíritu guíe como un rebaño nuestras almas…

Pr. Christian Contreras S

sábado, 20 de febrero de 2016

El Hombre Nuevo del Nuevo Milenio


Encaminando el corazón hacia el Señor


Desde el origen de la Historia humana existe una rebelde tendencia de los individuos por tomar distancia de su Creador, hacerlo a un lado ha sido la predisposición de muchos hombres que han dejado una triste huella indeleble en otros congéneres y lo que es peor aún muchos siguiendo sus pasos han olvidado al Señor de los Cielos y Tierra. Esto no sólo ha ocurrido en lugares áridos y mundanos, también el pueblo del Señor se ha visto afectado o infectado a tal grado de apartarse de quien les ha rescatado del abismo infernal de la perdición. Dios, quien en su Hijo Eterno se ha manifestado para salvación, ha sido poco a poco relegado a un obscuro y frío rincón de nuestras banales experiencias. Sin embargo, cada día despertamos a nuevas realidades que debieran desafiarnos a una búsqueda de gran profundidad espiritual. El nuevo hombre del nuevo milenio debiera tomar las llaves de su vida y entregarlas a su Señor en un acto de obediencia y renuncia a su alter ego y permitir que Cristo reine en su vida y en sus decisiones cualquiera que estas sean, aun por sobre nuestra felicidad y nuestras propias realizaciones personales. No es extraño saber de buenos hermanos que han sido un heraldo para otros y que ahora han quedado eliminados en el camino, a expensas de las aflicciones y dardos encendidos del enemigo que van haciendo de sus vidas una vacía existencia. Pastores que dejaron el camino y el rebaño, hermanos que abandonaron su espada y caminan solos en medio de lobos, y muchos otros que están a la puerta del abismo y el abandono, intentando encontrar una razón para no abandonar la iglesia, ni a sus hermanos ni mucho menos apartarse del Señor.
Sin embargo, al igual que la respuesta a Elías el profeta, el Señor tiene respuestas para las almas que sienten el desamparo y el deseo de querer abandonarlo todo para saciarse de algarrobas o simplemente mirar con nostalgia las ollas de Egipto, sus cebollas y sandías. Aun hay quienes no han doblado sus rodillas a baal, ni a otros dioses extraños, y saben que en lo más profundo de su alma, el Espíritu Santo está obrando para bien. Encaminar nuestras vidas hacia el Señor no es tarea fácil, nunca lo ha sido, no obstante existen directrices que pueden ayudarnos a ser más llevadero este peregrinaje por el desierto de nuestras almas, en momentos difíciles podemos recordar las promesas del Señor como lo hizo Nehemías, podemos reaccionar con esfuerzo como Josué y aun podemos expresar a Dios nuestro deseo de seguir adelante a pesar de las circunstancias como lo hizo el rey David, y si esta actitud funcionó en días del reino davídico, bien puede ser una actitud en el reino de los Cielos.
En primer lugar, podemos encaminar nuestro corazón hacia el Señor si ponemos nuestro afecto en su obra. 1ª de Crónicas 29 nos ofrece un hermoso panorama acerca de cómo el rey de Israel había puesto su afecto en la casa de Dios, en el versículo tres él dice “…por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios”. Ciertamente para David era un honor servir al Señor e invertir en un proyecto tan grande como la construcción del Templo de Jerusalén, por tal razón él no sólo había visto con gozo que Dios escogiera a su hijo para tal empresa sino que había puesto su pasión y su tesoro a tal servicio. Otras traducciones de este pasaje usan frases tales como “en mi amor por la casa del Señor”, “porque mi deseo está…”. Había en David amor por la obra, pasión y deseo en lo que Dios estaba haciendo… La obra del Señor sólo podemos realizarla de manera efectiva cuando todo nuestro ser (espíritu. Alma y cuerpo) están puestos en Cristo con santidad y dedicación, cuando el objeto de nuestro amor determina mis actitudes (Deut. 6.5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas) Es muy cierto que el corazón es engañoso y hasta perverso ( Jeremías 17:1,9) pero esto es cuando hay pecados clavados con hierro, no obstante la lectura progresa y determina una respuesta que debemos considerar ya que la pregunta en versículo 9 de Jeremías 17 es “¿Quién lo conocerá?” Podemos decir con gran esperanza que el Señor lo conoce y Jeremías luego escribe en v.14 “Sáname, oh Jehová, y seré sano, sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza”.
El rey David no había comprometido riquezas estatales para construir la Casa del Señor, más bien de su propia cuenta personal había tomado lo mejor, “oro de ofir” dice que presentó para la construcción del Templo. Esto implica, sin lugar a dudas, la calidad de su afecto, puesto que no ofreció de lo que sobraba sino lo mejor que tenía, el mejor oro era para su Dios. Isaías 13.12 puede aclararnos esto: “Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre”. Este lugar (Ofir) jamás ha sido encontrado y sólo aparece en tres porciones de la Escritura, sin embargo la ambición de la humanidad les ha llevado a querer encontrar la ubicación exacta, la película “Las Minas del Rey Salomón” basada en la novela inglesa H. Rider Haggard es una clara muestra del interés que ha causado las riquezas que dieron origen a la construcción del Templo de Salomón. Pero, ¿Qué nos enseña esto? Otros mirarán nuestro ejemplo, otros sabrán de nuestra pasión, puesto que es nuestra pasión una arenga lanzada para producir efectos tremendamente revolucionarios. Y es aquí donde debemos detenernos un momento y preguntarnos ¿cuán apasionados somos por la Obra de Dios? ¿Qué tan involucrados debemos estar? ¿Cuánta pasión nos debe mover hacia Cristo? y en palabras del Rey David y del texto en estudio ¿y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?
Muy interesante resulta que David estaba hablando de su afecto al Señor y su obra y de lo que él mismo daría como ofrenda, pero no quedó ahí puesto que invitó a otros a ser parte de esta gran hazaña histórica. Esto me hace pensar que en segundo lugar podemos encaminar nuestras almas hacia el Señor renunciando a nuestros intereses y siendo activos contribuyentes en la Casa del Señor. El pueblo mismo se alegró de ser parte de la obra, 1ª Crónicas 29.9 “y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a jehová voluntariamente”. El contribuir para la iglesia del Señor con nuestros recursos debiera producir en nosotros alegría, puesto que algunos dan con tristeza y esperando siempre que el Señor les devuelva lo que “ofrendaron”. Pero el apóstol Pablo nos enseña que no debemos hacer nuestras ofrendas con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre, y entendemos que el amor es la respuesta que Dios tiene a un ser que ama dando de sus recursos al Dios que sustenta su vida. Existe gozo en el dar y alegría que hacen que nuestra vida espiritual permanezca dando frutos de justicia y una cercanía muy espiritual con el Señor. Nótese que no es una cuestión de cantidades ni necesidades, sino de cuanto afecto tengo por la obra de Dios, de ahí el gozo y alegría al dar.
Por último, nos acerca más al Señor el acto mismo de reconocerle. No permitirnos glorias personales que sólo traen frustraciones, no creer falsamente que somos gestores de grandes movimientos espirituales o sucesos que sólo podríamos hacer nosotros y no otros. Dar la gloria debida a Dios, a su nombre, es lo que nos debe hacer sentir plenos. Es Dios por sobre todo lo demás lo que nos acerca a él mismo, él nos atrae con cuerdas de amor, David bendijo al Señor delante de toda la congregación en una oración gloriosa: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor…” El rey se preguntaba ¿Quién soy yo y quien es mi pueblo? Y la respuesta no se hizo esperar: “…las riquezas y la gloria proceden de ti, y tu dominas todo… nosotros extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres, y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura…”
Los primeros cristianos entendieron bien esto. Por eso no dudaban en vender propiedades, cambiar de dirección, criar de manera distinta a sus hijos, etc… Algunos nunca tuvieron un lugar donde vivir ni mucho menos un medio de movilización propia o ropa de marca, sin embargo les acercaba al señor su profundo afecto hacia él y hacia su obra… “y dejándolo todo le siguieron” era habitual en el mundo del Nuevo Testamento.
David cierra este episodio de una manera magistral que ha venido a ser mi oración también:
“Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente. Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti.”

Dios les bendiga. pr. Christian Contreas